Confía en la Ciencia» ha sido en los tres últimos años el mantra omnipresente, las instrucciones vociferantes que han dominado el espacio mediático durante la pandemia de COVID y que ahora vuelve para la «emergencia climática». ¿Qué Ciencia? La del consenso de «expertos», naturalmente, esa abrumadora mayoría de científicos que hacen en cada momento de infalibles oráculos.
Sólo que, todos hemos visto, ese consenso no sólo se ha equivocado en el caso de la pandemia casi a cada paso, desde los orígenes del virus a la eficacia y seguridad de las vacunas, sino que desde el principio estuvo trucado, y hubo que excluir de la nómina de expertos a un premio Nobel (Luc Montagnier), al propio inventor de la tecnología de ARN mensajero (Dr. Robert Malone) y al doctor más citado en revistas científicas de Estados Unidos, Peter McCullough. Todo sea por «la Ciencia».
Y ahora, con el cambio climático, vuelven a las mismas técnicas mafiosas, también con un Nobel.
Al premio Nobel Dr. John Clauser, conocido por su trabajo en mecánica cuántica, se le ha negado la oportunidad de hablar en el Fondo Monetario Internacional (FMI) después de expresar puntos de vista disidentes sobre el cambio climático.
La CO₂ Coalition, una organización sin ánimo de lucro que defiende los beneficios del dióxido de carbono, hizo este anuncio después de los comentarios de Clauser sobre el cambio climático durante un discurso en la conferencia Quantum Korea 2023 en Seúl, Corea del Sur.
«El Dr. John Clauser, Premio Nobel (Física 2022), iba a presentar un seminario sobre modelos climáticos ante el FMI el jueves y ahora su charla ha sido cancelada sumariamente», dijo la CO₂ Coalition en un comunicado. «Según un correo electrónico que recibió anoche, el Director de la Oficina de Evaluación Independiente del Fondo Monetario Internacional, Pablo Moreno, había leído el folleto de la charla de Zoom del 25 de julio de John y la canceló de forma sumaria e inmediata. Técnicamente, fue ‘pospuesto’», agregó el comunicado.
Clauser, cuyo trabajo pionero en mecánica cuántica lo llevó a obtener recientemente el Premio Nobel de Física en 2022, es conocido por sus contribuciones a los fundamentos de la mecánica cuántica, en particular por la desigualdad Clauser-Horne-Shimony-Holt (CHSH) y la formulación de la teoría del Realismo Local (Clauser-Horne).
Pero Clauser fue «cancelado» por compartir sus puntos de vista sobre el cambio climático y sobre la desinformación desenfrenada que difunden los principales medios de comunicación. «No creo que haya una crisis climática», dijo Clauser. «El mundo en el que vivimos hoy está lleno de desinformación. Depende de cada uno de ustedes servir como jueces, distinguiendo la verdad de la falsedad en base a observaciones precisas de los fenómenos».
«En mi opinión, no existe una verdadera crisis climática», dijo el Dr. Clauser. «Sin embargo, existe un problema muy real a la hora de ofrecer un nivel de vida decente a la mayoría de la población mundial y una crisis energética asociada. Esta última la están agravando con lo que, en mi opinión, es una teoría climática incorrecta».
La CO₂ Coalition compartió parte de un correo electrónico de Clauser dirigido a la organización tras enterarse de la cancelación de su discurso. En respuesta al incidente, el Dr. William Harper, uno de los fundadores de CO₂ Coalition, expresó su desaprobación y lo calificó como un acto vergonzoso de silenciar la voz de Clauser.
En 2022, los expertos en clima publicaron una investigación revisada por pares en la revista European Physical Journal Plus que demolía varias premisas sin fundamento sobre el cambio climático ‘apocalíptico’ que han florecido en la prensa convencional.
«Al observar los desastres naturales desde 1900 que se muestran en la Fig. 8, se observa un número muy pequeño desde mediados del siglo pasado, cuando comienza un crecimiento repentino que se detiene a fines del siglo XX para dar paso a una tendencia marcada por una ligera disminución», afirman los autores.
Parece que fue ayer cuando la libertad de expresión era una de las banderas preferidas del progresismo. Hoy, convertida a la cultura woke y globalista, la libre discusión en redes se ha vuelto la peor amenaza para el estamento internacional que aspira a gobernarnos.
Por eso una de sus figuras más señeras, Jacinda Ardern, ex primera ministra de Nueva Zelanda, la misma que convirtió el país en una cárcel a cielo abierto con la excusa de la pandemia, no ha dejado de abogar por la introducción de una estricta censura en las comunicaciones por Internet.
En su último ataque a la libertad de expresión, Ardern declaró ante la Asamblea General de la ONU que la libertad de expresión es un arma virtual de guerra. Exige que el mundo se una a ella en la lucha contra la libertad de expresión como parte de su propia guerra contra la «desinformación»
Y nada de esto sería especialmente preocupante si Ardern fuera una figura marginal en el discurso. Pero el problema es que su visión es cada vez más adoptados con entusiasmo no sólo por los gobiernos, sino también por la élite cultural y las grandes empresas tecnológicas.
Dice Ardern en su discurso que no podemos permitir que la libertad de expresión se interponga en la lucha contra «amenazas» como el cambio climático. Señala que no pueden ganar la guerra contra el cambio climático si la gente no se cree la versión ortodoxa y catastrofista del problema. La solución es silenciar a quienes tienen opiniones contrarias. Y punto.
Para cualquiera, el discurso de la neozelandesa es un obvio ataque a la libertad de expresión, pero para una universidad tan prestigiosa como Harvard es una cruzada admirable, y por eso la ha reconocido dos veces con sendos doctorados honoris causa. El claustro de la universidad elogió a la exprimera ministra por su «liderazgo político firme y empático» y la fichó específicamente para ayudar a «mejorar los estándares de contenido y la responsabilidad de las plataformas digitales frente a los contenidos extremistas
Los operativos de las ONG en el Mediterráneo están siendo cuestionados a nivel internacional tras a la llegada masiva de inmigrantes ilegales a la isla italiana de Lampedusa.
Las españolas Open Arms y Maydayterráneo, la primera investigada en numerosas ocasiones por favorecimiento de la inmigración ilegal; las francesas SOS Mediterranée y Médicos Sin Fronteras; y las alemanas Sea Eye y Sea Watch son las que mayor actividad registran y las que más cuantías millonarias reciben para seguir manteniendo su actividad en el Mediterráneo Central.
El pasado viernes, el actual propietario de X, antes Twitter, Elon Musk, se preguntó si Alemania es consciente de que está financiando la intensa actividad de estas organizaciones. «Sí, y se llama salvar vidas», respondió la oficina de Exteriores del país germano.
La verdad es estas entidades llevan años actuando en el Mediterráneo Central… y que todas registran cuantiosas inyecciones económicas de los Estados europeos. Su actividad consiste en acudir hasta un área de concentración de redes criminales que trafican con personas y una vez allí esperar a que estos contrabandistas de inmigrantes llenen una embarcación y la pongan en dirección hacia la ONG.
La mayor parte de los barcos fletados por los traficantes libios o tunecinos navegan sin incidencia, es decir, no hay una situación de auxilio en base a las leyes del mar. Se trata de embarcaciones cargadas deliberadamente con decenas de inmigrantes ilegales que van en dirección hacia la posición de estas organizaciones «humanitarias». Por tanto, no hay una situación de socorro y no hay un naufragio, simplemente actúan como correa de transmisión para que los inmigrantes ilegales que han pagado a los contrabandistas lleguen finalmente a territorio italiano.
Asimismo, estas ONG no sólo alientan la actividad de los traficantes y crean un factor atracción constante. Su actividad masiva hace que cada vez partan más embarcaciones desde costas libias o tunecinas… y aumenta el riesgo de muertes en el mar.
El informe de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado del año 2017 explica cómo los traficantes libios adaptan su trabajo a la presencia de las ONG, simplifican los costes y la logística y asumen con ello un mayor riesgo para los inmigrantes ilegales. El resultado es cientos de miles de desplazamientos ilegales hacia Europa y más de 20.000 muertes en los últimos cinco años.

